EL LIBRO JOYA

Country: USA
City: New York
Museum/Gallery: The Morgan Library & Museum


Encuadernado con diamantes, esmeraldas,

zafiros, perlas y orfebrería en oro y plata

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Los Evangelios de Lindau, Lomo del libro

Las encuadernaciones de libros como auténticos tesoros eran un lujo en la Edad Media,
solo al alcance de reyes y poderosos. Sobreviven pocos ejemplares, y algunos de los mejores están en la extraordinaria  colección de la Morgan Library & Museum de Nueva York

Entre los ejemplares más destacados de la colección de la Morgan Library & Museum se encuentran los  Evangelios de Lindau del siglo IX, una de las dos mejores encuadernaciones carolingia con joyas que existen en el mundo, y el Sacramentario Berthold del siglo XIII, el manuscrito alemán más lujoso de su época. Estos y otros ejemplos, demuestran que la aplicación de piedras preciosas y metales preciosos sirvió para venerar los textos del interior y embellecer los servicios religiosos, así como para reflejar el estatus y la riqueza de los mecenas que los encargaron.

Los Evangelios de Lindau. Cubierta

ca. 875. Oro repujado. Incrustaciones de piedras preciosas y perlas. Motivos: Crucifixión y diez figuras de luto, incluyendo personificaciones del sol y la luna. Taller de Carlos el Calvo, nieto de Carlomagno. Inscripción en latín; Suiza, Abadía de San Galo, entre 880 y 899. Hojas interiores: manuscrito sobre pergamino. Adquirido por J. Pierpont Morgan, 1901.

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Los Evangelios de Lindau.
Contraportada

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El Sacramentario de Berthold. Cubierta

ca. 1050. Cubierta: marfil y plata dorada con incrustació de piedras preciosas.  Dedicado a la figura de San Teodoro. Arriba: Etimasia flanqueada por los arcángeles Rafael y Gabriel. Centro: San Pedro y San Pablo. Abajo: donante arrodillado ante el Arcángel Miguel, flanqueado por San Marcos y San Lucas. Hecho probablemente por un artista griego en Ravenna, siglo XI. El Sacramentario del Frontal, en latín, hecho en el noreste de Italia, probablemente Rávena, hacia 1050. Interior manuscrito sobre pergamino. Donación de los Patronos de la Colección William S. Glazier, 1984.

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Evangelios de Judit de Flandes.
Cubierta

Entre 1051 y 1064. Cubierta con figuras fundidas de Cristo en la Majestad y la Crucifixión sobre un fondo de filigrana dorada y plateada con incrustación de gemas. Arte quizás germánico, del último tercio del siglo XI. Inscripciones en latín: Inglaterra, para Judith de Flandes (1032-1094) Interior manuscrito sobre pergamino. Adquirido por J. P. Morgan, 1926.

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El Sacramentario de Frontale.
Cubierta

ca. 1050. Cubierta en marfil y plata dorada que representa a San Teodoro. Arriba: Etimasia flanqueada por los arcángeles Rafael y Gabriel. Centro: San Pedro y San Pablo. Abajo: donante arrodillado ante el Arcángel Miguel, flanqueado por San Marcos y San Lucas. Hecho probablemente por un artista griego en Ravenna, siglo XI. Inscripciones en latín, hecho en el noreste de Italia, probablemente en Rávena, hacia 1050. Interior manuscrito en pergamino. Donación de los Patronos de la Colección William S. Glazier, 1984.

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Libro del Evangelio, en armenio. Cubierta

ca. 1700. Plata repujada y cubierta de esmalte con la Presentación de Jesús en el Templo, una pequeña Anunciación en la parte inferior, y, bustos de los 24 profetas en nichos. Producidos en el taller de orfebrería de Kayseri, hacia 1700. En idioma armenio, Tokat, Turquía, 23 de marzo de 1700. Escrito por Georg (hijo de Mik’ayel) para Hrip ‘sime, quien lo encargó en memoria de sus padres. Manuscrito sobre papel. Adquirido en el L.W. Frohlich Charitable Trust, en memoria de L.W. Frohlich y Thomas R. Burns, en reconocimiento a su interés y contribuciones al arte de la palabra escrita, 1998.

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Las páginas interiores

En las páginas de los manuscritos también aparecen imágenes de gemas “imaginadas”, pintadas a mano sobre el papel.  Son obras maestras del trompe-l’oeil como el ejemplo de San Lucas escribiendo su Evangelio y pintando la Virgen, ca. 1515. Simon Bening (1483/4-1561), bordes con perlas, colgantes y broches Adquirido por J. Pierpont Morgan, 1910. The Morgan Library & Museum, MS M.399, fol. 113v.

San Lucas escribiendo su Evangelio y pintando la Virgen, ca. 1515. Simon Bening

El Orfebre en la Edad Media

por Jordi Ferré, joyero

El rey Carlos el Calvo me ha hecho llamar. Me ha encargado la cubierta de su libro de salmos. Es un trabajo muy delicado y va a exigir toda mi dedicación y conocimientos. Voy a trabajar el oro que el mismo rey me proporciona, proveniente de antiguas joyas y monedas de su propiedad. Y debo engastar una enorme cantidad de piedras preciosas que escogeré entre todas las que ha adquirido el monarca a varios comerciantes extranjeros: rubíes y zafiros del lejano Oriente, esmeraldas de Egipto, turquesas de Persia, granates de Bohemia, lapislázuli de Arabia, coral del mar de Alejandría, amatistas de las tierras de los Eslavos, cristal de roca de Germania y perlas de los ríos del norte de Britania.

Me ha mostrado, también, unas gemas muy duras, llamadas diamantes, que le han traído de Africa, pero no brillan demasiado. No se si algún día alguien podrá sacar luz de esas piedras… El trabajo en oro y la abundancia de piedras preciosas mostrarán el poder económico del rey a todo aquel que pueda admirar su libro de salmos. Mi labor debe estar a la altura de esos materiales.

Soy maestro orfebre, realizo todo tipo de artículos de lujo: hebillas, anillos, colgantes, jarras y cálices, relicarios y custodias, incensarios y candelabros, cruces y báculos, etc., etc. Utilizo el martillado y el forjado, para obtener láminas de metal, y el cincelado y repujado, para dar forma a estas láminas, para ahuecar el metal y hacer figuras muy detalladas. Son técnicas ancestrales que ya usaban los egipcios y los tracios. También aprendí el granulado y la filigrana, que trajeron griegos y fenicios, y que trabajo con dos hilos de diferente grosor. Como todos los orfebres, también domino el gravado y la técnica de engastar piedras preciosas. Para unir los metales utilizo soldaduras con y sin aporte de material, difusiones y también remaches. Suelo añadir esmaltes para adornar mis trabajos, y, para evitar que se mezclen, separo los colores con finas láminas de metal. El resultado es espectacular.

Los orfebres somos artesanos muy valorados, por la delicadeza de nuestro trabajo. Si el rey queda satisfecho, seguro que recibiré más encargos similares y podré seguir dándole a mi familia una vida desahogada. Al fin y al cabo, los artesanos como yo somos la clase media de la edad media.

 

COLABORADORES

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EL PRIMER PERIÓDICO MENSUAL INFORMATIVO
DEL SECTOR JOYERO Y RELOJERO DE ESPAÑA

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